Un robot polilla crea su propio sensor con 'sangre artificial' y luz UV

Los robots suelen salir de fábrica con todos los sensores que tendrán en su vida. Pero ¿y si pudieran crear sensores nuevos cuando los necesitaran? Investigadores de la Universidad de Tartu, en Estonia, y del Instituto Italiano de Tecnología (IIT) construyeron un robot con forma de polilla que hace exactamente eso: usa sustancias químicas transportadas por su «sangre artificial» para crear un sensor de luz ultravioleta en su propio cuerpo. El estudio se publicó en la revista Advanced Science y se dio a conocer el 5 de noviembre de 2026.

Cómo nace el sensor en el cuerpo del robot

El cuerpo de la polilla está impreso en 3D con un plástico transparente y lleno de venas diminutas. Una pequeña bomba empuja unos 3 ml de líquido por esas venas, y parte de él penetra alrededor de una centésima de milímetro en el plástico circundante. El líquido transporta pirrol, una sustancia química que se convierte en polipirrol —un plástico eléctricamente conductor— cuando recibe luz ultravioleta, con ayuda de un aditivo activado por la luz. Con una plantilla, el equipo eligió qué parte del ala iluminar, y ese tramo se volvió negro.

Unos hilos de oro entretejidos en el cuerpo durante la impresión captan el cambio: a partir de ahí, cada vez que la luz UV alcanza esa zona, su resistencia eléctrica cae por un instante y un pequeño chip a bordo responde parpadeando un LED o batiendo las alas. El sensor seguía funcionando después de cuatro meses guardado y se volvía más sensible con cada exposición, a medida que el pirrol restante seguía reaccionando, aunque tarda unos cinco minutos en estabilizarse tras cada destello de UV.

Un prototipo con límites claros

Por ahora, el robot polilla es solo un prototipo, y los propios investigadores dejan claros sus límites. No puede volar: las alas se doblan con un hilo de nitinol, una aleación con memoria de forma calentada por una fuente externa de energía. El equipo ya hizo pruebas iniciales para alimentar el microprocesador con reactivos del propio fluido, y la autora principal, la doctoranda Kadri-Ann Pankratov, dice esperar que, en diez años, la sangre artificial de los robots y los sistemas circulatorios sean una opción obvia para algunas aplicaciones.

También es importante no exagerar lo que el robot hace por sí solo: fueron los investigadores —y no el robot— quienes decidieron cuándo llenar las venas, y una plantilla definida por ellos, no el entorno, decidió dónde se formó el sensor. La reacción tampoco puede revertirse. Aun así, el avance es real: en lugar de limitarse a repararse, como ya demostraron otros robots, la polilla de Tartu usa la circulación para ganar una función que nunca tuvo, y las mismas venas podrían transportar otras sustancias en el futuro, incluso reversibles.

Crédito de la imagen: Kadri-Ann Pankratov y equipo (Universidad de Tartu e Instituto Italiano de Tecnología), vía New Atlas — venas y pequeños canales impresos en las alas transportan la sangre artificial.

Fuentes: New Atlas — Robot moth grows new sensor using its own blood; Zot — Robot moth grows its own UV sensor using artificial blood.

Transparencia: este artículo se produjo con ayuda de inteligencia artificial, contrastado con publicaciones públicas en X y fuentes de internet, y revisado editorialmente antes de su publicación. Consulta las fuentes originales abajo para confirmar los detalles.

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